NUEVAS FORMAS DE APRENDER
El uso de celulares es parte importante de la vida de la mayoría de las
personas del mundo. Hay países donde hay más celulares que habitantes. Por
ello, desde hace algunos años se viene discutiendo si los estudiantes deben
llevarlos o no a las escuelas y emplearlos como una herramienta de trabajo
educativo. Anteriormente se habían realizado estudios sobre las ventajas del
celular en la formación de los estudiantes. Así por ejemplo, el correo
electrónico, el WhatsApp, Facebook, Twitter u otro medios han probado ser una
herramienta valiosa en el desarrollo de habilidades de comunicación. Unos
escriben, otros leen y contestan; hay necesidad de que el texto sea entendible;
en unos casos se recurre a imágenes, lo que significa elegir, entre varias, la
que mejor expresa lo que se quiere trasmitir.
También a través del celular se puede ingresar a las redes de información
y explorar las miles de referencias que generalmente hay sobre un tema. Bien
empleado, el celular se convierte en una valiosa fuente de conocimientos, medio
para investigar, complementar lo que el estudiante aprende en clase y
desarrollar encargos de tareas en casa.
Frente a estas evidentes ventajas hay también muchas críticas. La
comunicación a través de las redes de navegación crea nuevos códigos de
comunicación que deforman lenguaje: se debilita el desarrollo de la escritura
convencional: la información que circula libremente no discrimina edades,
siendo a veces negativa y peligrosa para el desarrollo de los niños y
adolescentes.
Jaume Sarramona, en un artículo escrito hace algunas semanas añade:
“existe la posibilidad de ser utilizado sin el control de los docentes, lo que
puede provocar distracciones dentro del horario de actividad escolar, además de
su uso no deseado para acosar a compañeros, enviar documentos inadecuados, etc.
Precisamente la dificultad de poder controlar el uso adecuado de la herramienta
es la clave que explica el rechazo que provoca en el ámbito escolar su
introducción en las aulas, sin poder negar por ello la posible utilización
inadecuada fuera de ellas. La escuela ha marginado tradicionalmente aquellos
elementos que pueden ser perturbadores para realizar las actividades educativas
que le son propias, como ha sido el caso de otras herramientas tecnológicas y
de la vida cotidiana, pero hay entenderlo en el contexto general en que se
mueve como institución educativa”.
Además, una crítica no menos importante, es el carácter adictivo de esta
herramienta que termina aislando y afectando el nivel de relaciones familiares,
el tiempo de dedicación a la realización de actividades de aprendizaje, entre
otras consecuencias. Es bastante conocido el fastidio de padres de familia o de
personas que estando cenando o en una reunión tienen al frente un niño o un
joven que parece ignorarlos debido a que están concentrados en el celular.
El tema vuelve a ponerse en actualidad ante la decisión del gobierno
francés de prohibir mediante ley el uso de los celulares en las escuelas de
educación básica. Había sido una de las promesas de Emmnuel Macron, actual
Presidente de Francia. Para el Ministro de Educación, Jean Michel Blanquer, la
ley es una respuesta a muchos padres, preocupados porque sus hijos se pasan
horas mirando las pantallas de sus teléfonos y por el aumento de los casos de
acoso a través de internet.
Otros países, como el Reino Unido empiezan a evaluar la aplicación de
una medida similar, En tanto existen los que se inclinan por dar libertad a sus
colegios para que decidan. Lo cierto es que la renovación de las metodologías
de aprendizaje no ha ido al ritmo de cómo evoluciona la tecnología de
construcción de celulares. Cuando ello suceda, tarde o temprano las
posibilidades de facilitar más ampliamente su uso podrían darse. Además, el
desarrollo de las tabletas es un asunto que puede influir en la decisión de
diferir su empleo por el momento. Con las tabletas se hace todo lo que puede
hacerse con un celular, excepto hacer llamadas, siendo el control de su uso
menos complicado.
Mientras tanto el debate continuará. No solo se trata de decidir
solamente si hay los estudiantes pueden llevar o no el celular a las escuelas;
también sobre otros temas no menos importantes: la edad a partir de la cual es
recomendable su empleo, las estrategias que ayuden a las escuelas y a las
familias a orientar sobre su buen uso, los efectos del contacto excesivo con
esta herramienta, entre otros.
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